Bolsos, pañuelos y perfumes; artesanía y marroquinería; excelencia. Todos estos términos definen perfectamente qué es Loewe. Pero falta uno, la base sobre la que se construye este gran imperio: Madrid. Con motivo de su 180 aniversario, desde Villarrazo repasamos la historia de una firma que no solo ha conquistado el universo del lujo, sino también el armario del sheriff de nuestra agencia, que lleva toda la vida confiando en sus corbatas y gemelos. Porque si algo ha demostrado Loewe en estos años es que el verdadero savoir-faire, basado en el trabajo artesanal y en hacer las cosas bien, nunca pasa de moda.

Todo comienza en 1846, cuando el alemán Enrique Loewe Roessberg decide instalarse en Madrid, fascinado por la artesanía de inspiración árabe que encuentra en la ciudad. Allí se asocia con los propietarios de un taller de marroquinería y juntos comienzan a trabajar la piel con una precisión extraordinaria, elevando el tratamiento de la materia prima e introduciendo innovaciones en sus productos.
De Madrid al mundo
En 1872 la firma adopta el nombre de Loewe y, tras años de trabajo y constancia, se convierte en proveedora de la Corona española en 1905. Ese reconocimiento impulsa su crecimiento: la casa se instala en Gran Vía y abre también sus primeras tiendas en Barcelona y San Sebastián. A principios de los años sesenta desembarca en Londres y, en 1973, llega a Japón.
Como si de una metáfora se tratara, el pequeño lobo —nombre de la calle donde se ubicaba la primera tienda— termina convirtiéndose en un león, significado de Loewe en alemán.

Sin embargo, la figura de este animal nunca había tenido un papel protagonista en sus diseños. Hasta ahora. Con motivo de su 180 aniversario, la firma lanza una colección cápsula que rinde homenaje a este símbolo con referencias directas a su imagen.
Además, Loewe recupera uno de sus bolsos más icónicos, reinterpretado para la ocasión en una edición especial bautizada como Amazona 180. Lanzado originalmente en 1975, este modelo se convierte en un símbolo de modernidad y libertad para toda una generación de mujeres y sigue siendo, cinco décadas después, una de las creaciones más reconocibles de la casa.

Legado familiar
Como no podía ser de otra manera, la compañía se convierte en un legado familiar. Cuatro generaciones se suceden al frente de la firma bajo el mismo nombre. Al fundador le sigue su primogénito, Enrique Loewe Hinton; después toma el relevo su hijo, Enrique Loewe Knappe, fruto de su segundo matrimonio.
Es precisamente este quien impulsa la internacionalización de la marca, una visión que provoca un enfrentamiento con su hermano Germán. Debido a esa mala relación, en 1979 Germán vende el 30 % de sus acciones, y deja una parte de la compañía en manos del Estado. Para entonces, Enrique Loewe Lynch ya está al frente del negocio y debe afrontar una etapa especialmente compleja.
No son años fáciles, pero de ese periodo surge uno de los proyectos más relevantes vinculados a la casa: la Fundación Loewe, creada en 1988 para promover y apoyar distintas disciplinas artísticas como la música, la danza, el diseño, la fotografía y la poesía.
En 1996, tras la reprivatización de la empresa y su reflotamiento bajo la dirección de la cúpula de Estée Lauder, Loewe pasa a formar parte de LVMH. Desde entonces, ningún miembro de la familia participa en el accionariado del grupo, aunque el legado continúa vivo a través de Sheila Loewe Boente, representante de la quinta generación.
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